1526886_727444700613296_789796681_aTodos sabemos que las palabras nacen en la mente de las personas y son fruto de la imaginación de cada uno de nosotros. Unos tenemos más imaginación que otros. Una vez paridas, es la comunidad la que decide, usándolas o no, si merecen tener una vida más o menos larga y fecunda.

No existe ni persona ni entidad que tenga la capacidad de imponer el uso de un término, ni de prohibirlo. Los “derechos de uso de las palabras” ni se compran ni se venden, y una consecuencia positiva de este hecho es que las lenguas se ven enriquecidas con un sinnúmero de neologismos, que pueden triunfar o caer en el olvido.

Captura de pantalla 2014-03-16 a la(s) 18.02.24En los casos en los que los hablantes, posiblemente por desconocimiento de la existencia de términos ya existentes en su propia lengua o porque quieran nombrar una realidad recién surgida, importan palabras de otras lenguas, puede ocurrir que la palabra importada no “encaje” demasiado bien en la lengua receptora. Puede que no sepamos pronunciarla o, lo que origina un problema aún mayor, que no sepamos escribirla correctamente por motivos ortográficos.

La entrada de estas palabras supone un problema para los hablantes. ¿Las puedo usar? ¿Cómo las escribo? ¿Son necesarias? ¿Las adapto? ¿Las escribo en la lengua original? Cuanto antes sepamos que hacer con ellas, mejor para todos. Si no sabemos cómo hacerlo, cada hablante buscará su solución y tendremos palabras con múltiples grafías que generan dudas a los hablantes sobre cómo escribirlas. Y se acaban convirtiendo en un grano molesto para todos. Ejemplos tenemos a montones, como bluyín, güisqui o tour. Entran y salen del diccionario con un desconcierto generalizado y con polémica por todas partes. Nos resultan hasta cómicas.

Captura de pantalla 2014-03-16 a la(s) 18.02.31Es por ello por lo que contamos con dos organizaciones encargadas de velar por la lengua española. Una, la RAE, es más solemne, más lenta. La otra, cual hortelano hacendoso, va repasando casi diariamente la actualidad y los medios de comunicación para anticiparse a las necesidades de los hablantes, recomendando los mejores usos de una palabra o una construcción: Fundéu.

Su labor consiste en seleccionar entre las hierbas que salen cuáles son buenas y cuáles malas. Si son buenas, se deja que crezcan; si son malas, se arrancan. Como todos los hortelanos, quizá de vez en cuando cometan algún error al seleccionar las hierbas a extirpar o cultivar, pero no cabe duda de que este trabajo de limpia es imprescindible.

Son sus sistemas de información los que les permiten anticiparse a las necesidades de los hablantes. Una importante fuente de información la constituyen las dudas que los propios hablantes les plantean por diferentes medios, y que, casi siempre, son resueltas en tiempo real por los miembros de Fundéu.

Es en aquellos casos en los que las dudas son más complejas cuando entra en escena el consejo asesor, formado por expertos de la lengua. Se reúne cada dos semanas y tiene como función repasar todos los temas candentes surgidos durante dicho periodo.

Captura de pantalla 2014-03-16 a la(s) 18.02.39Gracias a la convivencia que Molino de Ideas tiene ahora con Fundéu, el otro día pude asistir a una de sus reuniones de este receptivo y humilde grupo, siempre atento a las novedades del lenguaje. Me pareció fascinante poder ver trabajando a ese hortelano constante, que descubre una hierba en su jardín y la analiza desde diversos puntos de vista para decidir si merece la pena dejarla vivir o si lo mejor sería intentar extirparla.

Pero, como ya he dicho anteriormente, los hablantes son soberanos y finalmente serán ellos los que impongan el uso de una u otra palabra. Es por ello por lo que quiero recordar que el objetivo del consejo no es imponer, sino recomendar. Deben hacer el esfuerzo de imaginar qué pasará con esta palabra en el futuro, y si será beneficioso para el español y sus hablantes que su uso se imponga.Captura de pantalla 2014-03-16 a la(s) 18.03.09

Lo enriquecedora que me resultó mi experiencia como oyente en su reunión hizo que me asaltara la idea de que otras personas pudieran disfrutar de la experiencia. ¿Y qué mejor lugar que Lenguando? Me encantaría que pudiéramos ofrecer a todos los hablantes la oportunidad ¿única? de asomarse al lugar donde se cuecen las palabras.

Comentando todo esto con los miembros de Fundéu, llegamos a la conclusión de que sería estupendo que los hablantes pudieran ver una reunión de este consejo en directo, en estado puro y en su forma habitual. No que nos cuenten cómo se hace, ni hacer una mesa redonda explicando qué criterios se usan.

¡Dicho y hecho! En Lenguando podremos asistir a una reunión de ese consejo, en la que se sientan reconocidos lingüistas y filólogos, así como miembros de la Real Academia Española y expertos de diferentes áreas.

No es ni fácil ni habitual que alguien te permita poner una cámara para grabar tu trabajo, y menos trabajar ante un auditorio de expertos en tu materia. Sin embargo, ha sido realmente sencillo conseguir que se animen a participar. Por eso, estamos enormemente agradecidos por su gesto. Por cuestiones prácticas y logísticas, no sabemos si se podrá repetir. ¡Te recomiendo que lo disfrutes!

Creo que la lengua pide a gritos un poco de ventilación, que abramos las ventanas y limpiemos el polvo acumulado. Esperamos que nuestra propuesta ayude a hacerlo posible. La lengua es, por encima de todo, nuestra principal herramienta de comunicación.

No sé si me he pasado de entusiasmo, pero a veces uno tiende a escribir más con el corazón que con la cabeza, y es esto lo que ha salido.

Os dejo con una imagen del consejo de Fundéu al que asistí, y espero disfrutar del siguiente con vosotros.

Consejo-Fundeu

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